Mente Sana

El rubor de nuestras mejillas

Redacción FPS
Comunicación
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Viernes 12 de Febrero del 2016

El rubor, o sonrojo, es el enrojecimiento involuntario e incontrolable de la piel del rostro. Se aplica el término en respuestas emocionales ante estados de ansiedad, vergüenza o de enamoramiento. Según la persona, además de en la cara, se puede experimentar la coloración en las orejas, cuello y zona superior del cuello, y sentir un incremento de temperatura en tales zonas.

Según Darwin, es “la más peculiar y humana de todas las expresiones”.

Por regla general, las mujeres se sonrojan más que los hombres. Las personas de raza negra también sienten este fenómeno, pero su piel oscura lo hace inapreciable.

El proceso del rubor

La piel del rostro supera en densidad capilar al resto del cuerpo. Los vasos sanguíneos de las mejillas tienen un diámetro amplio y están más próximos a la superficie, por lo que el líquido intersticial no los oculta. Al notar una emoción intensa, el sistema simpático de nuestro organismo se activa: los capilares se expanden, dejando fluir la sangre. Esto provoca una mayor coloración sonrosada en nuestras mejillas, donde la delgadez de la piel deja ver el color rojo con claridad.

Además, el mecanismo de vasodilatación en las mejillas parece funcionar de un modo distinto a otras zonas cutáneas. Las venas del rostro, al contrario que las del resto del cuerpo, se comportan con una contracción miogénica al estirarse y pueden desarrollar un tono basal propio. Estas venas contienen receptores adrenérgicos beta, además de los adrenérgicos alfa que son comunes al resto del sistema sanguíneo. Dichos receptores podrían ejercer un trabajo dilatador sobre el tono basal de las venas de la cara.

Trastornos, patologías y fobias

Si el enrojecimiento se instala en las mejillas por un largo tiempo, una vez pasado el estímulo que lo desencadena, y además viene acompañado de granos, hay que pensar que podría tratarse de una rosácea. Esta condición de la piel se desencadena por el efecto del sol, de la ansiedad, el calor, el comer marisco o el ciclo menstrual. Se desconoce el origen verdadero de esta patología, así como su cura. Sí hay tratamientos para paliar los brotes, basados sobre todo en antibióticos. También se recurre al ácido acelaico o a técnicas de láser.

Un rubor desproporcionado respecto a su estímulo, o incluso desvinculado de estímulo alguno, puede indicar una enfermedad cutánea llamada eritema craneofacial idiopática. Se asocia a personas con fobia social, y puede controlarse mediante práctica psicológica.

Para algunas personas, el sonrojarse resulta tan traumático que deviene en eritrofobia: el miedo a ponerse colorado.

Para los que sufren como un trastorno cada vez que el rojo les sube a la cara, existe un método quirúrgico, la cirugía del rubor facial. Consiste en seccionar, mediante endoscopia, los ganglios del sistema nervioso simpático, alojados en las axilas. No todo el mundo es operado: los cirujanos atienden únicamente a las personas que padecen una gran aversión al rubor, y cuyo efecto puede traerles consecuencias mentales peligrosas. Un 1,5% de la población española padece este síndrome. La operación no conlleva riesgos y es rápida, pero no sencilla.

Ruborizarse es positivo

Mucha gente rechaza el rubor, como si este fuera una causa de sus ansiedades en lugar de una evidencia de ellas. Sin embargo, aunque es un sentimiento legítimo, la historia nos demuestra que el color sonrosado en el rostro humano se valora como sinónimo de salud y belleza. Se han realizado experimentos en los que unas fotos de personas ruborizadas transmiten más confianza que personas sin ese tono en el rostro. En general, el efecto o intensidad de un rubor suele ser sobreestimado por la persona ruborizada.

Además, el sonrojo podría poseer beneficiosas funciones empáticas.

 

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