Mente Sana

Gestión de emociones y dermatología

Miguel Aizpún Ponzán
Dermatólogo
207
Míercoles 15 de Noviembre del 2017

El vacío moral, en el que ha profundizado la sociedad actual, está propiciando la aparición de numerosas iniciativas y sistemas doctrinarios que pretenden cubrir ese hueco.

Como las zozobras y las enfermedades son más pertinaces que la sequía, hay quienes atribuyen el alivio o la solución de estos percances a la llamada “gestión de las emociones”.

Según este concepto, muchas de las dolencias que padecemos tienen una raíz emocional, por lo que su diagnóstico y futura curación se halla íntimamente relacionada, y hasta supeditada, a la correcta gestión de dichas emociones.

Los nuevos planteamientos confían la divulgación de estas técnicas a personas con gancho mediático, quienes se encargan de elevarlas a la categoría de recetas terapéuticas, supuestamente eficaces.

Las redes sociales también contribuyen sustancialmente a propagar estas formas de espiritualidad, que ven el origen de enfermedades (desde una mancha en la piel hasta un cáncer) en  desequilibrios emocionales, que pueden remontarse hasta varias generaciones anteriores.

Es obvio que el equilibrio emocional (la paz de espíritu, el sentirse a gusto consigo mismo) está relacionado con la salud.

Pero las actuaciones para combatir las enfermedades físicas y lograr un cuerpo sano tienen sus propios especialistas, que acumulan y sintetizan en su preparación científica, los saberes acumulados y contrastados a lo largo de los siglos.

Es un dermatólogo quien ha de encargarse del diagnóstico y tratamiento de las enfermedades de la piel y no un supuesto filósofo visionario, metido a sanador.

El respaldo científico sigue siendo la única gestión solvente para el diagnóstico y tratamiento de enfermedades, no las redes sociales ni los líderes mediáticos. Cada uno debe tener su cometido y no invadir funciones que corresponden a otros.

Las enfermedades de la piel tienen en el dermatólogo su especialista y las imbricaciones sociales y psicológicas de algunas de estas afecciones también cuentan con profesionales cualificados para aliviar o eliminar los efectos negativos.

La ciencia es un pilar del equilibrio emocional mucho más sólido que la frustración que acaba produciendo un tratamiento ineficaz.

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