Mente Sana

Maquillaje terapéutico

Grupo de Estética y Terapéutica de la AEDV
Dermatóloga
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Martes 17 de Enero del 2017

Los productos correctores son herramientas imprescindibles para camuflar ciertas patologías de la piel.

El dermatólogo debería ponerlos al alcance de sus pacientes.

Las propiedades más relevantes del maquillaje dermocorrector son las de corregir y disimular algunos defectos de la piel, ya sean permanentes o pasajeros, recuperando así el paciente una imagen que le resulta positiva y que le permite establecer con los demás unas relaciones más seguras.

En definitiva, éste permite mejorar su apariencia y respetar su personalidad.

Entre las características más importantes del maquillaje corrector procede destacar su máxima cobertura, el aspecto cada vez más natural que proporciona, su resistencia al agua, la seguridad comprobada de sus componentes (ausencia de perfume, de conservantes y de máxima pureza), la facilidad de aplicación y la disponibilidad de los colores de moda actuales.

El mundo de la dermocorrección

Las utilidades más importantes del maquillaje dermocorrector serían la de “camuflar” patologías de la piel (eczemas, vitíligo, acné, rosácea, lupus, melasma e hiperpigmentaciones, entre otras), maquillar la piel después de intervenciones quirúrgicas (cicatrices) y sesiones de peeling o láser, así como ayudarnos a disimular unas ojeras excesivamente marcadas, o tapar el ensombrecimiento infraorbitario y los tatuajes.

A un maquillaje dermocorrector se le debe exigir eficacia, que tenga un elevado poder cubriente, que ofrezca un acabado natural y modulable, y que sea ligero y no denso, ni pastoso, ya que terminaría dejando una incómoda sensación de pesadez facial.

De igual forma, éste debe ser seguro, hipoalergénico, no comedogénico, debe haber sido testado sobre pieles sensibles e incluir fórmulas que sean lo más purificadas y sencillas posibles y que permitan además, una aplicación sin fricción sobre la piel.

Por último, debe ser lo mejor tolerado posible por la piel, y para ello debe haber una total exclusión de componentes como perfumes y conservantes.

Además, en su formulación deberían incluir un factor de protección solar reforzada (SPF) mínimo de 20-25.

Cubrir sin asfixiar

Para el maquillaje facial, bastaría con disponer de bases correctoras y un fondo de maquillaje, pero para trabajar sobre las imperfecciones localizadas, habría que utilizar pinceles correctores de color amarillo, de gran utilidad para las discromías que viran hacia el violeta, como las ojeras, los hemangiomas, los angiomas planos vinosos y las varices.

Por el contrario, los pinceles correctores de color verde, son útiles en el tratamiento de las discromias rojas, como son los angiomas planos rojos, las pápulopústulas inflamatorias y rojizas del acné, la couperosis, las cicatrices recientes, la rosácea o las rojeces postintervenciones.

Para todo tipo de imperfecciones se pueden usar los lápices beige claro para la piel más clara y los beige oscuros para la piel más oscura, ambos de especial utilidad a la hora de camuflar las discromias de tonalidades marrones más o menos intensas.

En estos casos se debe utilizar una base correctora, de las denominadas “tono sobre tono” y del color lo más parecido posible a la piel del paciente o en todo caso, ligeramente más clara.

En las zonas de las ojeras se debería aplicar una pequeña cantidad del producto, comenzando desde el lagrimal y llegando hasta la zona externa del ojo, procediendo a difuminar el producto con la yema de los dedos mediante ligeros toques hacia el exterior del ojo para terminar con una acabado natural.

Si se presentan otros tipos de imperfecciones como manchas rojas o angiomas planos, es más conveniente aplicar una pequeña cantidad de corrector sobre la zona a tratar y difuminar con suavidad el producto a continuación mediante una presión ligera sobre la zona tratar.

Como conclusiones, llamar la atención sobre la utilidad del maquillaje dermocorrector como un arma de especial utilidad en la actualidad en la consulta del dermatólogo, de forma que permite completar una visita al más alto nivel de eficacia y de satisfacción para el paciente, ya que le devuelve la confianza en sí mismo.

El paciente sale de la consulta con nuevas perspectivas, sabiendo que puede disimular sus problemas de estética, patologías dismorfofóbicas o efectos secundarios de algunas intervenciones estéticas, con una gran eficacia.

Todo ello ayuda a mejorar la relación con su entorno y mejora sustancialmente la autoestima de la persona afectada.

Pero para poder utilizarse a diario, debe ser seguro, cómodo y fácil de aplicar. El dermatólogo lo debe empezar a considerar como un complemento terapéutico sencillo y asequible, pero de una gran utilidad dentro del amplio arsenal terapéutico del que ya dispone la dermatología en la actualidad.

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