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Acné en mujeres a partir de los 25 años

Elena González Guerra
Dermatóloga
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Lunes 21 de Marzo del 2016

El tipo de acné que persiste desde la adolescencia, o que aparece por primera vez a partir de los 25 años se llama acné de la mujer adulta.

Hasta un 45% de las mujeres lo padecen, siendo por tanto un problema dermatológico frecuente.

En el 80% de los casos la morfología clínica es semejante a la del adolescente: comedones (puntos negros o blancos), pápulas, pústulas, nódulos y quistes, con una alta proporción de lesiones inflamatorias, que afectan el tercio inferior de la cara y el comienzo del cuello.

El “acné persistente”, prolongado desde la adolescencia, alcanza el 80% de los casos, mientras que un 20% manifiesta un “acné de comienzo tardío” contando sorprendidas que nunca tuvieron ni un grano hasta el momento actual.

Las razones de la presencia del acné en la edad adulta femenina no se conocen del todo, pero hay algunos datos que ayudan a comprender las causas:

1- El 50% de las pacientes tiene una historia de antecedentes familiares de acné prolongado. Existe en ellas un factor genético.

2- Alrededor del 60% tiene datos de hiperandrogenismo, esto es, mayor actividad de las hormonas masculinas o andrógenos, con hirsutismo (más vello), alopecia, alteraciones menstruales, y algún dato clínico o bioquímico del síndrome metabólico, entre los que se encuentran obesidad, aumento del colesterol y triglicéridos, y resistencia a la insulina. Son factores hormonales, que van más allá de la estética, ya que son un riesgo para la salud general, y en especial para las enfermedades cardiovasculares y diabetes.

3- También se ha descrito una respuesta inmune exagerada ante la presencia de la bacteria Propionibacterium acnes, que se comporta como un superantígeno y contribuye a la aparición del acné. En estos casos la inmunidad actúa de forma importante.

4- No hay que olvidar que entre las mujeres fumadoras de entre 25-50 años es más frecuente la aparición de acné (41,5% frente al 9,7%). El tabaco es un factor agravante de un acné preexistente, o desencadenante de acné en personas predispuestas.

En las mujeres los andrógenos, estimulantes de la producción de sebo de las glándulas sebáceas, proceden de los ovarios (androstenodiona y la testosterona), de las glándulas adrenales (dehidroepiandrosterona (DHEA), sulfato de dehidroepiandrosterona (DHEA-S), androstenodiona y testosterona) y los originados por la conversión periférica. Todos estos datos deben ser investigados en la sangre de la mujer adulta con acné. A ellos se debe añadir un hemograma, perfil hepático, glucosa, perfil lipídico y estudio de coagulación o trombofilia, porque muchas de estas pacientes necesitarán tratamientos sistémicos, entre los que se encuentran los anticonceptivos.

El tratamiento del acné en la mujer adulta necesita un diseño adecuado y personalizado porque es más resistente a las terapéuticas convencionales a diferencia del acné adolescente.

El tratamiento tópico se basa en combinaciones de dosis fijas de retinoides, antibióticos o peróxido de benzoílo, tanto por su eficacia como por evitar la aparición de resistencias bacterianas. El tratamiento sistémico en la mayoría de los casos necesitará un ajuste hormonal con un anticonceptivo con acción antiandrogénica asociado o no a otros antiandrógenos. La isotretinoína a dosis bajas y otros productos complementarios completarán el tratamiento.

Puntos clave

  • El acné es cada vez más frecuente en mujeres mayores de 25 años.
  • Se distinguen dos tipos de acné del adulto: el “acné persistente” y el “acné de comienzo tardío”.
  • Las causas fundamentales son genéticas y hormonales.
  • El tabaco es un promotor para la aparición y un agravante para la persistencia del acné.
  • Los tratamientos hormonales antiandrogénicos son la base del tratamiento del acné en la mujer adulta.
  • La isotretinoína se constituye en una herramienta de extraordinaria importancia terapéutica a dosis más bajas que en el acné adolescente.

Nota: Publicado en: Kaminsky A, Flórez-White M. Acné. Un enfoque global. Colegio Ibero-Latinoamericano de Dermatología. 2015:84-94.

 

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