Nuevas Tecnologías

Webs de salud ¿cuándo nos podemos fiar?

Rosa Taberner
Dermatóloga
1463
Míercoles 3 de Febrero del 2016

En una sociedad hiperconectada es cuestión de tiempo que el paciente pretenda informarse mejor acerca de su enfermedad. Ya en el año 2011, el 30% de los pacientes buscaban en Google sus síntomas antes de acudir al médico, y el 54% lo hacían al salir de la consulta con un diagnóstico y un tratamiento.

En ocasiones la falta de empatía o de confianza, el tiempo insuficiente de consulta, las prisas o, simplemente, querer informarse mejor, hacen que los pacientes busquen información complementaria en Internet.

El tipo de información que se busca es diversa. El 40% es sobre enfermedades concretas, el 17% sobre nutrición o dietas, el 16% sobre medicamentos, y casi un 4% sobre “terapias alternativas”.

Internet es una fuente inagotable de información, con sus ventajas e inconvenientes, y el exceso de información puede hacer verdaderamente complicado discernir las fuentes fiables de las que no lo son.

Con una formación médica adecuada este proceso es relativamente sencillo, pero para un paciente ajeno al mundo sanitario todas esas páginas pueden convertirse en un galimatías que puede llegar a poner en peligro su salud.

Por este motivo vale la pena tener en cuenta una serie de elementos que nos pueden guiar a la hora de diferenciar información médica fiable de posibles engaños o informaciones erróneas:

1. El primer punto tiene que ver con la propia actitud del paciente que busca información. Ser escéptico es un buen punto de partida. No debemos creernos todo lo que leemos.

2. Una web fiable no debe ser anónima. Los autores de los contenidos deben declarar su calificación profesional de forma clara y visible, así como su vinculación a entidades académicas o comerciales.

3. Debe reflejar claramente su finalidad, objetivos y a qué tipo de público va dirigida.

4. También debe especificar el tipo de licencia, decir en qué condiciones se pueden compartir sus contenidos (Copyright, Creative Commons).

5. Ha de facilitar una forma de contacto con los responsables de la web.

6. Siempre es interesante verificar si la web o blog dispone de certificaciones de calidad (HON, WIS, WMA, etc.).

7. No fiarse de entrada de las apariencias. Webs con un diseño muy sofisticado pueden esconder intereses comerciales.

8. La información, sobre todo la médica, tiene fecha de caducidad. Verificar cuándo se ha escrito y si la página se actualiza con frecuencia.

9. Siempre desconfiar de aquellas páginas que prometen resultados inmediatos y espectaculares.

10. La información debe diferenciarse claramente de cualquier contenido publicitario. Las palabras “cura milagrosa”, “ingrediente secreto”, “remedio ancestral” no suelen ser más que reclamos para que compremos productos de dudosa procedencia.

11. No siempre la etiqueta de “natural” es sinónimo de inocuo.

12. Si se detecta un fraude, debemos notificarlo a la autoridad competente o asociaciones de consumidores.

Por último, es aconsejable contrastar la información obtenida con el dermatólogo para que nos oriente adecuadamente.

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