Piel Sana

La piel en invierno

Miguel Aizpún Ponzán
Dermatólogo
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Jueves 24 de Noviembre del 2016

Las vísperas del invierno constituyen uno de los momentos más interesantes para el cuidado de la piel.

Dado que se trata del órgano más extenso del cuerpo humano, la piel está sujeta a un gran número de agresiones, especialmente las ambientales, que se acentúan por su carácter superficial.

Si la hidratación siempre es importante, hay que vigilarla muy especialmente en esta época.

Resulta necesario combatir la deshidratación causada por el frío, la humedad, el aire, el exceso de las calefacciones, etc.

La hidratante de la cara deberá llevar siempre factor de protección. La hidratación del cuerpo, como siempre, es fundamental intensificándola en las piernas y pies, y sin olvidar los talones muy proclives a la sequedad.

Las manos y los labios son zonas especialmente sensibles al frío, por ser las partes del cuerpo más expuesta a factores medioambientales.

La sequedad producida por el frío en las manos requiere ser combatida con una buena hidratación.

Los labios deben ser también bien hidratados y evitar la creencia tan errónea como extendida de humedecerse los labios con la lengua. 

Todavía hay quienes piensan, erróneamente, que la protección solar, únicamente debe cuidarse en las playas, durante la época estival. Pero sigue siendo muy necesaria ahora, especialmente si se practican deportes de invierno.

En esta época, cuando se ha instalado ya la rutina de las obligaciones cotidianas, es preciso inscribir los cuidados anteriores en el marco de una vida de costumbres saludables.

Hay que eliminar (o, cuando menos, reducir) el consumo de alcohol y tabaco, llevar una dieta equilibrada y practicar ejercicio adecuado a nuestras condiciones físicas de forma regular.

La ingesta de agua  (de forma racional y no obsesiva) contribuye a reforzar la estructura de la piel y su mayor elasticidad, a través de la hidratación.

Como ocurre en cualquier momento del año, el consejo del amigo o la publicidad interesada no perderán ocasión para recomendar medidas de protección más o menos peregrinas. Lo prudente es no hacer caso a este tipo de reclamos.

La visita al dermatólogo, imprescindible ante cualquier cambio que pueda suponer una alteración en el estado de la piel, asegurará una estrategia de protección adecuada y ahorrará disgustos y también, a la postre, tiempo y dinero.

La antesala del invierno hay que hacerla coincidir con la sala de espera de la consulta del especialista.

 

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