Prevención

¿El sol es bueno o malo?

Agustín Viera Ramírez
Dermatólogo
1194
Míercoles 3 de Febrero del 2016

Encontrar el correcto equilibrio en nuestra relación con el sol es uno de los retos que, en entornos con un elevado número de horas solares,  se  plantea como una necesidad de salud. Conocer qué tipo de piel tenemos, si nuestra piel es  o no de riesgo, cómo debemos cuidarla, cuáles son los  hábitos que debemos  seguir, los signos de riesgo que nos deben preocupar, cómo  cuidar a nuestros hijos en su relación con el sol…

La exposición moderada del cuerpo humano al sol produce, psicológica y fisiológicamente, una sensación de salud, de sosiego natural y bienestar general, además de una acción estimulante. Esta formidable fuente de energía que es el sol desencadena una serie de procesos biológicos y bioquímicos esenciales para la vida del hombre: favorece la formación de vitamina D (que posibilita la absorción del calcio suministrado por los alimentos, con lo que se logra una normal formación de los huesos), refuerza y regula el sistema inmunológico, contribuye a la regulación del estado de ánimo, ayuda a conciliar el sueño, mejora las enfermedades reumáticas, favorece el aumento en la producción de determinadas hormonas… Hay que señalar también el beneficioso poder antiinflamatorio del sol, para algunas enfermedades cutáneas, como la psoriasis, eczemas, acné…

Cuando nuestra piel recibe sol, se produce melanina como defensa natural (menor y más irregular en las pieles claras), se producen radicales libres y se observa un daño celular y se genera una inmunosupresión cutánea y menor capacidad de la respuesta defensiva de la piel

Así, en el otro lado la balanza, el cáncer de piel es el que mayor relación guarda con el medio ambiente y en particular con la exposición solar. "En los últimos diez años el aumento del melanoma ha sido del 10% anual, siendo todavía mayor en carcinomas".

Esta cifra tan alarmante tiene lugar cuando la capa de ozono se reduce simplemente un 1 o 2 %. Hace 20 años, una persona en la playa se quemaba en 6-8 horas de exposición, pero hoy lo hace en sólo 1-2 horas.

Por otro lado sabemos que el 80% del envejecimiento prematuro tiene como responsable a los rayos solares, por lo que el cambio climático a largo plazo provocará un mayor número de arrugas, flacidez, manchas, hipersensibilidad, falta de luminosidad, etc.

Si los efectos son los esperados, el cáncer de piel será protagonista absoluto del siglo XXI, ya que aumentará al menos un 20-30 %, y será de carácter epidérmico".
 

¿Cómo deberíamos relacionarnos con el sol de forma saludable?.

  • Saber si nuestra piel es una piel de riesgo.
     
  • Conocer cuáles son nuestras necesidades según edad, sexo y fototipos.
     
  • Desarrollando hábitos de protección solar saludables según tipo de piel y necesidades: ropa protectora o fotoprotección tópica, horarios de exposición…

El uso combinado de buenos hábitos solares, elementos de protección  solar (ropa protectora y fotoprotectores), cosmecéuticos tópicos frente a radicales libres y nutricosméticos con propiedades antioxidantes y potenciadores de la inmunidad cutánea conforman la estrategia perfecta frente a la agresión solar.

Esta estrategia es especialmente necesaria en personas genéticamente susceptibles, personas que presentan erupciones lumínicas e intolerancias solares. Especialmente numeroso es el grupo de personas con fototipo 2, entre un 15% y un 20% de nuestra población.

Las personas con fototipo 2 tienen una piel clara con una muy baja capacidad de defenderse frente al sol, con una baja capacidad disminuida de producción de melanina por lo que lo que se queman con facilidad antes de broncearse.

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