Prevención

Preguntas sin respuesta

Miguel Aizpún Ponzán
Dermatólogo
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Jueves 29 de Septiembre del 2016

Dado el culto a la imagen que profesa la sociedad actual, no resulta extraño que la dermatología forme parte de muchas conversaciones.

Y que, en estas charlas entre amigos, se planteen numerosas preguntas al respecto. Preguntas que, por desgracia, no suelen encontrar la respuesta adecuada, porque no van dirigidas al especialista cualificado, en este caso el dermatólogo.

Son demasiadas las personas que actualmente se consideran y actúan como si estuvieran preparadas para sentar cátedra sobre cualquier cuestión, por complejo que sea el interrogante.

Basta con asomarse a la ventana de cualquier tertulia o foro abierto para comprobarlo. Sin embargo, la realidad es que, para alcanzar la categoría de experto, se necesitan muchas horas de estudio, de experiencia y de trabajo.

Requisitos que hoy, desgraciadamente, parecen no estar de moda en muchos ámbitos.

Resulta paradójico que personas que prestan una gran atención a su piel, no se preocupen de elegir al especialista adecuado para cuidarla.

En un tema tan popular como los tatuajes, por ejemplo, suele primar la estética o la opinión de los amigos ante el consejo de un especialista, frecuentemente obviado. Y, sin embargo, las técnicas para realizar un tatuaje no están exentas de riesgos, que el dermatólogo puede valorar mejor que nadie, dada su especialización en  el cuidado de la piel.

Aunque sean pocos los que se planteen las posibilidades de infecciones o reacciones alérgicas, el peligro existe y se acentúa si no existe una adecuada información previa. La piel no puede ser considerada exclusivamente como un tapiz, cuando se trata del órgano más extenso y visible del cuerpo humano.

Otro tanto ocurre con el diagnóstico de manchas sospechosas, frecuentemente comentadas con los amigos.

 

Sólo un especialista como el dermatólogo puede precisar el diagnóstico y, en su caso, el tratamiento adecuado.

 

A veces, el amigo recomienda cremas que, incluso, resultan contraproducentes, porque el diagnóstico es completamente erróneo. Lo que, por desgracia, no evita que, sobre ésta y otras muchas cuestiones, se siga opinando en conversaciones banales, cuando la salud es algo mucho más serio. Y plantea preguntas para las que únicamente el especialista tiene respuesta.

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