Prevención

Sin piel sana, no hay belleza

Miguel Aizpún Ponzán
Dermatólogo
207
Martes 11 de Octubre del 2016

Es evidente que la gran importancia que la sociedad actual concede a la imagen ha contribuido a realzar el papel de la dermatología estética.

En este artículo trataré de resaltar el papel que juega el dermatólogo como director de la salud de la piel y la prevención de su patología, por ejemplo el cáncer de piel, dentro de un contexto y un objetivo característicos de la medicina, como es la prevención de la mayor calidad de vida posible en cualquier momento de la vida del paciente.

Como médicos especializados, los dermatólogos partimos de un axioma innegociable: la belleza sólo puede construirse sobre la base de una piel sana.

Este planteamiento, tan radical como lógico, diferencia ya, de entrada, al dermatólogo de esa legión de personas que aplican tratamientos que, en aras de una supuesta belleza, agujerean la piel o, sencillamente, la maltratan como desgraciadamente comprobamos los dermatólogos cuando estas personas acaban acudiendo a nuestras consultas.

Contra el cáncer cutáneo

El dermatólogo es el profesional estrictamente formado y cualificado para mantener la piel sana versus bella.

El seguimiento preventivo cobra una particular relevancia, si se tiene en cuenta que prácticamente la totalidad de los cánceres de piel llegan a curarse a condición de que sean precozmente detectados.

El cáncer cutáneo es desgraciadamente, uno de los de mayor incidencia entre la población. En España, se suman cada año más de 4.000 casos de melanoma. Y la estadística advierte de que uno de cada cinco personas de 70 años va a padecer, al menos, un cáncer de piel. De cada tres cánceres diagnosticados a nivel mundial, uno es cutáneo.

Pero el papel del dermatólogo no sólo puede detectar fiablemente un cáncer de piel.

El fructífero papel del dermatólogo empieza mucho antes, con la prevención.

Concienciar sobre una exposición solar responsable constituye una tarea importantísima que el dermatólogo puede dirigir adecuadamente en función de las características de la piel de cada uno de sus pacientes. Controlará también todas las situaciones de riesgo, que no se circunscriben únicamente a la playa y el verano, sino a numerosas situaciones en épocas y entornos que precisan una protección especial.

Como médico, el dermatólogo se convierte en el director de un plan de vida saludable para la piel. No se trata de agobiar al paciente, sino de acostumbrarle a unas normas y prácticas muy sencillas, pero altamente eficaces. Los desaprensivos que tratan de hacer negocio con sus tratamientos y productos supuestamente milagrosos han tratado de presentar al dermatólogo como un especialista alejado de la preocupación estética. Estamos obligados a combatir esa falsedad porque la belleza de la piel únicamente puede realzarse con tratamientos adecuados que refuercen su salubridad.

La práctica del dermatólogo no puede desvincularse de su carácter médico. Una hoja de ruta adecuada para la estética de la piel es, a la vez, una garantía de cuidado y prevención.

Incluso algunas técnicas, como el peeling químico profundo, tradicionalmente considerado como un mero tratamiento estético para mejorar las marcas del acné o las arrugas se está revelando como una estrategia efectiva, como la fotoprotección, contra la protección del precáncer de piel.

Si las personas preocupadas por mejorar la estética de su piel fueran conscientes de los beneficios para su salud presente y futura que puede proporcionarles un dermatólogo es seguro que no dudarían en confiarse a estos especialistas. Sin embargo, por desgracia, la realidad es muy diferente.

Hábitos saludables

Muchos de los problemas relacionados con la piel son banalizados y, al no recibir la atención adecuada, acaban desembocando en patologías de mayor importancia. Si la esperanza de vida está íntimamente relacionada con la práctica de hábitos saludables, la salud y la belleza de la piel dependen, inexorablemente, del cuidado y las recomendaciones del dermatólogo, como también de una vida saludable, donde destacaré el no fumar.

Si una de las claves de la felicidad reside en el secreto de saber envejecer, el cuidado de la piel se halla íntimamente ligado a este objetivo.

Afortunadamente, hemos dejado atrás el tiempo en el que, a partir de edades que hoy consideramos muy tempranas, se consideraba normal la presencia de manchas y arrugas.

Es cierto que la piel también envejece, pero no lo es menos que pueden aliviarse las consecuencias del paso del tiempo.

El aspecto físico de las personas mayores de hoy nada tiene que ver con el de los mayores de hace medio siglo.

La mejora ha sido impresionante y ello ha contribuido decisivamente al aumento del caudal de felicidad.

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