Prevención

La importancia del dermatólogo en los trastornos de la piel

Miguel Aizpún Ponzán
Dermatólogo
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Lunes 1 de Febrero del 2016

La piel, como órgano vivo, el más extenso y superficial del cuerpo humano, presenta, en lógica correspondencia, la más amplia y visible lista de trastornos. Tal circunstancia supone un verdadero reto para los dermatólogos, cuyas actividades profesionales han de enfrentarse a numerosos ámbitos de tratamiento e investigación, junto a la necesidad de hacer valer la pertinencia y primacía de sus conocimientos, como especialistas, para abordarlos.

Prácticamente la totalidad de la población sufre, a lo largo de su vida, algún trastorno dermatológico, aunque no todos los pacientes opten por recurrir al especialista adecuado.

Y ello resulta peligroso, por cuanto algunas afecciones, inicialmente leves, pueden acarrear complicaciones graves (incluso mortales) y presentar imbricaciones en otros ámbitos, como el psicológico, con peores consecuencias que las derivadas de la importancia estrictamente clínica.

El carácter ‘superficial’ de los trastornos de la piel, junto a su elevada incidencia, actúan, frecuentemente, como un gancho para atraer a meros negociantes, que intentan sustituir al dermatólogo, arrogándose una variada gama de ‘títulos’ para colocar productos de una eficacia supuestamente milagrosa.

Resulta incongruente que, en una sociedad que tanto valora la imagen, una parte significativa de la población no confíe el cuidado de la parte más visible de su cuerpo al dermatólogo, que es el especialista cualificado para el diagnóstico de los trastornos y para establecer las prescripciones adecuadas para un tratamiento eficaz.

Las campañas generalistas de concienciación sobre temas como la protección frente al sol han contribuido muy eficazmente a la mejora de la salud pública, el primer objetivo de la vocación médica. Pero aún queda mucho camino para erradicar prácticas nocivas como la automedicación, el consejo del amigo o el recurso a tratamientos al margen del dermatólogo.

Estos comportamientos resultan especialmente peligrosos ante la creciente complejidad y sofisticación de elementos que utilizamos a diario y que incentivan afecciones como las dermatitis de contacto, ya muy extendidas. Las reacciones alérgicas constituyen un ámbito de investigación de gran interés y un reto que únicamente puede ser afrontado por especialistas.

Nunca como hasta ahora ha sido tan importante el papel del dermatólogo como protector de la salud ante un consumo tan extendido y complejo y como director de la variada gama de tratamientos para la piel que demanda una sociedad que ha convertido a la imagen en protagonista.

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