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Fármacos sistémicos de la hiperhidrosis

Javier Del Boz, Laura Padilla España. Servicio de Dermatología, Hospital Universitario Costa del Sol (Marbella).

1. Fármacos sistémicos como tratamiento de la hiperhidrosis

Se entiende por hiperhidrosis a la producción de sudor de forma excesiva respecto a la condiciones fisiológicas, y se estima que la hiperhidrosis afecta a aproximadamente el 2% de lapoblación general.

A pesar de todas las alternativas terapéuticas existentes (antitranspirantes tópicos, infiltraciones de toxina botulínica, iontoforesis, anticolinérgicos tópicos, simpatectomía endoscópica...), y ya sea por la falta de respuesta a las mismas, por sus efectos adversos, o simplemente por la no disponibilidad de algunas de éstas, en muchos casos no se obtienen unos resultados óptimos para los pacientes.

Una alternativa más no mencionada previamente, y en la cual nos centraremos, son los tratamientos sistémicos (“tratamientos tomados vía oral"). Existen diferentes tipos que pueden ser útiles en el tratamiento de la hiperhidrosis. Frecuentemente se trata de medicamentos cuya indicación habitual es el tratamiento de otras patologías, aunque secundariamente (y aunque ninguno presenta una indicación aprobada por ficha técnica para el tratamiento de la hiperhidrosis) se comprobó su efecto disminuyendo la producción de sudor. Distinguiremos:

2. Tratamientos sistémicos “etiológicos”

Dirigidos a la causa de la hipersudoración. Un ejemplo de éstos podría ser la terapia hormonal sustitutiva en el caso de hiperhidrosis postmenopáusica, terapia por otro lado no exenta de posibles efectos adversos asociados.

3. Antihipertensivos

Dentro de éstos, se han usado fundamentalmente la clonidina, el diltiazem y el propranolol. Probablemente su acción esté relacionada con su efecto ansiolítico, y deban usarse fundamentalmente si existe una hipertensión arterial asociada.

4. Antidepresivos y ansiolíticos

La utilidad de éstos podría explicarse al originar en el paciente una cierta indiferencia ante los factores emocionales que actúan como estímulo que desencadenan la sudoración en muchos pacientes con hiperhidrosis, aunque también podría relacionarse a que de forma “secundaria” poseen cierto efecto anticolinérgico o noradrenérgico. Destacan entre los antidepresivos el uso de la paroxetina, y entre los ansiolíticos, el uso del clonazepam. Su aplicación fundamental sería ante casos de hiperhidrosis íntimamente relacionados con estados de estrés o ansiedad.

5. Anticolinérgicos orales (ACO)

Estos suponen el grupo de fármacos más utilizados (y más prometedor) en el tratamiento sistémico de la hiperhidrosis, por lo cual profundizaremos más al respecto. Desarrollan su efecto inhibiendo el predominio del sistema nervioso simpático, que es el responsable de la transmisión de impulsos que originan la producción del sudor, y concretamente lo hacen al ocupar de forma competitiva los receptores de acetilcolina existentes en las glándulas sudoríparas. Se han usado varios diferentes, como la metantelina, el glicopirrolato, la oxibutinina, la propantelina, la tolterodina, o la solifenacina, especialmente los tres primeros, y concretamente la oxibutinina es el más usado en la actualidad.

Con el uso de ACO no es rara la aparición de efectos adversos, si bien a la dosis a las que estos fármacos suelen usarse para el tratamiento de la hiperhidrosis, suele tratarse (si aparecen) de efectos adversos leves y tolerables. Los más comunes se producen a nivel gastrointestinal (el efecto adverso más frecuente de todos es la sequedad de boca, aunque puede originarse estreñimiento, o incluso una parálisis intestinal), ocular (midriasis, ciclopejia, pudiendo llegar a originarse un glaucoma de ángulo estrecho), y genitourinario (polaquiuria, e incluso retención urinaria aguda). Por todo ello existe contraindicación para su uso, ya sea absoluta o relativa, en individuos que presenten (o tengan riesgo de presentar) determinadas alteraciones como son la retención urinaria (por ej emplo, pacientes con hiperplasia benigna de próstata), la existencia de trastornos gastrointestinales graves (como una enfermedad inflamatoria intestinal o megacolon tóxico), trastornos neuromusculares como la miastenia gravis o bien alteraciones oculares como el glaucoma.

6. Conclusión

En nuestra opinión es oportuno y recomendable que los pacientes mientras utilicen dichos tratamientos tomen medidas para evitar embarazo (al no existir datos suficientes respecto a su seguridad en esta situación), eviten la ingesta de alcohol (ya que sus efectos pueden potenciarse ante la toma de esta medicación) y realicen una higiene oral meticulosa, ya que la sequedad oral puede favorecer el desarrollo de caries.

En conclusión, a día de hoy existen ya múltiples estudios que avalan la utilidad de los tratamientos sistémicos en el tratamiento de la hiperhidrosis, sobre todo en el caso de los anticolinérgicos orales, y éstos cuentan con diversas ventajas como pueden ser su versatilidad, al ser potencialmente útiles en prácticamente todos los tipos (y localizaciones) de hiperhidrosis, su bajo precio (en la mayoría de casos), su fácil cumplimiento, y la no posibilidad de producir irritación local o hiperhidrosis compensatoria (aumento de sudoración en otras áreas diferentes a las tratadas), favoreciendo todo ello una buena adherencia al tratamiento. Entre sus desventajas, como comentábamos previamente, estarían su uso fuera de ficha técnica (no son medicamentos aprobados para este uso en la actualidad) y sus frecuentes efectos adversos (sequedad de boca fundamentalmente), si bien por lo general se trata de efectos adversos leves y tolerables. En cualquier caso, son necesarios estudios más amplios, aleatorizados, frente a placebo, y con mayores periodos de seguimiento.

7. Véase también

  • Betabloqueantes. Propranolol, Timolol, Nadolol
  • Hiperhidrosis

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