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Los tipos de tests diagnósticos para detectar la COVID-19

Ángeles López
Periodista
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Míercoles 22 de Abril del 2020

Los buenos (y lentos), los rápidos (y malos) y los masivos (y prácticos)

 

Cada vez son más las noticias relacionadas con los test para diagnosticar la enfermedad COVID-19 o su efectividad a la hora de detectar la presencia del virus. Sabemos que en España se han intentado introducir diferentes tipos de pruebas, algunas de ellas sin éxito por lo que se han tenido que retirar posteriormente. ¿Cuántos tipos de pruebas hay y en qué se diferencian?

 

PCR: un test bueno (y lento)

Las que habitualmente se realizan en nuestro país son las pruebas de PCR, siglas que se refieren a la prueba de reacción en cadena de la polimerasa. Estas pruebas se llevan utilizando años y detectan fragmentos del material genético del virus SARS-CoV-2. No sólo sirven para este virus, también puede identificar otros patógenos.

Las pruebas de PCR se suelen realizar en los laboratorios de Microbiología de hospitales, centros de referencia (como el Centro Nacional de Microbiología) o universidades.

En su realización se debe recoger, con un bastoncillo, una muestra de la mucosa respiratoria de una persona sospechosa de estar infectada. Esta prueba se basa en las características de estabilidad al calor de una enzima polimerasa, y localiza y amplifica un fragmento de material genético que, en el caso del coronavirus, es una molécula de ARN. Si la prueba da positivo, la persona está infectada.

Esta prueba tiene una fiabilidad superior al 90%, por eso es la prueba estándar, pero su problema es que necesita un laboratorio para su realización, y los resultados tardan entre 3 y 6 horas. También se ha hablado de las dificultades que pueden generarse por un desabastecimiento mundial de reactivos que se emplean para realizar las PCR.

 

Tests de diagnóstico rápido

Estas pruebas se dividen en dos tipos: los test de antígenos y los serológicos o de anticuerpos. Estas pruebas son más rápidas, pero menos sensibles que la PCR, es decir, que pueden dar más falsos negativos, sobre todo en personas con carga viral baja. Su principal ventaja es la rapidez y sencillez, lo que permitiría un rastreo más extenso de la población afectada por el virus.

Los rápidos (y malos)

Los tests de antígenos o test rápidos  se realizan con una muestra de la mucosa (la recogida es similar a la anterior). Se visualiza la presencia o no de las proteínas del virus, si detecta proteínas se tiñe un papel con bandas, de forma similar a la de los test de embarazo.  

Su principal ventaja es la rapidez y sencillez, ya que cualquier sanitario puede recoger una muestra en cualquier lugar, domicilios, coches, etc. El resultado se puede conocer en unos 10 minutos. El principal problema es que no tienen una gran fiabilidad.

Si se mejorase la fiabilidad de estas pruebas, se podría limitar las pruebas de PCR a aquellas personas que, con sintomatología, den un resultado negativo en tests rápidos. De esta manera, se podrían optimizar los recursos sanitarios.

Sin embargo, hasta el momento, los tests de antígenos que ha comprado España a empresas chinas tenían una sensibilidad muy inferior a la que describían los fabricantes, lo que podía generar falsos negativos. Por este motivo, los ha devuelto en diferentes ocasiones.

No obstante, hay muchas empresas en todo el mundo que están intentando desarrollar este tipo de pruebas con una mayor fiabilidad. El problema es que estén listas para cuando se las necesita y que se generen en una cantidad suficiente. 

 

Los masivos (y prácticos)

Los tests serológicos o de anticuerpos ya están siendo distribuidos por Sanidad y permiten aumentar la capacidad diagnóstica por la rapidez y sencillez de la prueba. Según recoge el propio Ministerio de Sanidad, consiste en el análisis de una muestra sanguínea que se obtiene por extracción de sangre vía venosa periférica o por digitopunción con lanceta (similar a la punción que se hace en el dedo para una prueba de glucemia). En 15 minutos puede saberse si la persona está o ha estado infectada.

Aunque no se determinan la cantidad de anticuerpos, sí pueden detectar la presencia de dos tipos de anticuerpos: los IgM, que forman parte de la primera respuesta inmunitaria y los IgG, que se generan más tarde y permanecen más tiempo.

En este caso, la prueba puede determinar lo siguiente:

-Si el resultado es negativo para estos dos tipos de anticuerpos, la persona no está ni ha estado infectada (aunque hay que tener en cuenta que puede dar falsos negativos).

-Si da positivo para el primer tipo de anticuerpos, los IgM, pero negativo para el segundo, los IGG, la infección está activa.

-Si da positivo para los dos, la enfermedad ya se ha pasado.

Los estudios publicados sobre estas pruebas señalan que los IgM podrían detectarse a partir del séptimo día tras la aparición de los síntomas y los IgG se empezarían a detectar a partir del 14-15 día.

Su sensibilidad es buena, en torno al 75%, aunque lo ideal sería lo más cercano al 100% y tienen una especificidad muy alta, por encima del 95. Esos porcentajes quieren decir que si el test da positivo a coronavirus es más que probable que se esté o se haya estado infectado, pero si da negativo podría ser un falso negativo, algo que puede ocurrir en el 25% de los casos. También hay que tener en cuenta que el momento de realizar la prueba es clave, ya que si se hace la prueba antes del día 7 tras los síntomas dará negativa cuando la persona ya está contagiada.

Este es el tipo de test que se utilizará en las próximas semanas para llevar a cabo un macroestudio epidemiológico en España. Se realizarán test a 60.000 personas para conocer si están o han estado afectados por la COVID-19. El estudio estará a cargo de la directora del Instituto de Salud Carlos III, Raquel Yotti, y será puesto en marcha por personal sanitario de centros de salud. Se persigue conocer el grado de expansión del virus en la población española.

No obstante, ya se está empezando a conocer problemas con al menos algunos de estos tests ya que no parecen tener una sensibilidad aceptable. Además, la Organización Mundial de la Salud ha señalado que la generación de anticuerpos no asegura la inmunidad contra el virus.

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