Piel Sana

Piel, adaptarse o morir

Miguel Aizpún Ponzán
Dermatólogo
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Martes 16 de Febrero del 2021

La llegada de la pandemia hace ya casi un año nos obligó a cambiar bruscamente nuestro modo de vida. Además de encerrarnos en casa, introdujo rutinas, como el frecuente lavado de manos, y también objetos (geles desinfectantes, mascarillas…), que alcanzaron y conservan un inesperado protagonismo. Los ciudadanos responsables y sensatos (afortunadamente, la gran mayoría) asumieron sus nuevas obligaciones, siguiendo las recomendaciones sanitarias y renunciando a costumbres y comodidades que les ayudaban a endulzar su existencia.

  

Pero unos cuantos ciudadanos se resistieron a aceptar la nueva realidad. Algunos, combatiéndola abiertamente, contraviniendo las instrucciones para prevenir contagios y poniendo en riesgo, no sólo su propia vida, sino también la del prójimo. Otros, asumiendo las normas de control de la pandemia, pero descuidando el mantenimiento de su propia salud, suprimiendo las revisiones y consultas periódicas y limitándose a esperar el fin de la pandemia, como si el coronavirus fuera la única patología capaz de matar.

 

Este segundo grupo, aunque sea menos peligroso que el primero, es, sin embargo, bastante superior en número. Y las consecuencias de su actitud también son muy nocivas.

 

Cuando pase esta pandemia, es muy probable que asistamos al recrudecimiento de patologías importantes, motivado por esta actitud de atención exclusiva para el virus y excluyente para el resto de enfermedades.

 

 

Conviene recordarles a ambos grupos que, en el orden natural, los seres que son incapaces de adaptarse a entornos adversos tienen asegurada la muerte o, cuando menos, el sufrimiento. Las especies han sido dotadas o se las han apañado para desarrollar recursos, que les permitieran superar las dificultades.

 

El hombre tiene, como herramienta singular, la inteligencia, que es el arma más eficaz. Ahora es el momento de utilizarla.

 

En lo que respecta al cuidado de la piel, estamos obligados a extremar la atención, no sólo para mantener todas las tareas de mantenimiento prescritas por el dermatólogo, sino también para defenderla ante las agresiones específicas derivadas de esta situación excepcional, como el uso de geles desinfectantes y mascarillas. Y a ello deben añadirse todas las patologías (que se están revelando como graves y numerosas) provocadas específicamente por la COVID-19.

 

Cualquier síntoma sospechoso debe ser puesto rápidamente en conocimiento del especialista, además de integrar en nuestra vida cotidiana todas sus indicaciones para conservar una piel sana.

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