Prevención

Huellas en la piel

Miguel Aizpún Ponzán
Dermatólogo
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Jueves 15 de Abril del 2021

Al principio de la pandemia, pensábamos que su impacto se limitaría al ingreso hospitalario de los contagiados y al fallecimiento de los más vulnerables. Pero, a medida que el virus prolongaba su estancia entre nosotros, empezamos a comprender que, en mayor o menor intensidad, todos estábamos contagiados. Habíamos olvidado que, cuando termina una guerra, ningún superviviente sale indemne del todo.

 

Entre quienes se han librado, en términos clínicos, del contagio, los daños colaterales del virus han sido muy diversos. Algunos han perdido su trabajo o su negocio y, con ello, el confort que los correspondientes ingresos les reportaban. Otros cargan con el dolor de haber perdido algún ser querido, a consecuencia de la pandemia. La mayoría ha sufrido la frustración de no poder reunirse y abrazar a sus familiares y amigos.

 

 

Cuando se recobre la normalidad, los efectos colaterales de la pandemia dejarán su huella en nuestras vidas. También en la piel, el órgano más extenso de nuestro cuerpo, que guarda exacta memoria de todas las agresiones sufridas.

 

 

En los veranos de euforia vital y económica, las playas rebosaban de bañistas y los dermatólogos advertíamos de la necesidad de protegerse adecuadamente del impacto del sol. Ahora, las playas desiertas por el confinamiento y las convulsivamente abarrotadas en los tramos de aislamiento relajado, también necesitarán su particular escudo protector.

 

 

La intensidad de estas huellas negativas dependerá, en gran parte, de nuestra actitud ante la pandemia. Los impactos se minimizarán o acentuarán en función de la capacidad de resistencia de cada uno.

 

 

En estas difíciles circunstancias, la cultura, tan menospreciada por una sociedad rabiosamente utilitarista, ofrece sólidos refugios.

 

Nuestra piel necesita, como nosotros mismos, un cuidado especial en tiempos de pandemia. Debemos procurar mantener su necesario equilibrio con una adecuada hidratación, un estilo de vida y una dieta saludables y no descuidar el ejercicio físico. Asimismo, es necesario controlar el estrés y la angustia, porque también son enemigos que dejan su huella en la piel. 

  

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